El comienzo: 40 gorros
El comienzo: 40 gorros Hay momentos que no parecen importantes cuando suceden. Pero con el tiempo, se vuelven el origen de todo. Albor empezó así. Con una primera decisión: comprar lana. No cualquier lana, sino la de las hilanderas de Yalalaubat, las Zomo Fuufe. Era nuestra primera inversión, nuestro primer paso como cooperativa. La lana era gris. De distintos grosores, de distintas tensiones. Irregular, viva. Hermosa, pero no convencional. No sabíamos exactamente qué hacer con ella. Había entusiasmo, había ganas, pero también había incertidumbre. ¿Cómo diseñar con una materia que no responde a lo esperado? ¿Cómo unificar el trabajo cuando cada hebra es distinta? Entonces apareció la respuesta más simple: El gorro. Por su tamaño. Por el peso de lana que necesitaba. Por el tiempo de tejido. Y, sobre todo, porque nos permitía encontrar una forma común de hacer. Asique empezamos a tejer. Punto a punto, cada una desde su lugar, buscando un ritmo compartido en medio de la diferencia. Y...
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