Mirar sin preconceptos
Mirar sin preconceptos Un vellón recién esquilado tiene grasa. Tiene olor. Puede contener restos del campo. Sus fibras se agrupan de maneras irregulares. Sus colores no responden a una carta diseñada previamente. Hay zonas más suaves, otras más ásperas. Hay fibras largas y fibras cortas. Todo eso forma parte de lo que es. Aprendemos a mirar No miramos el mundo por primera vez cada mañana. Miramos desde todo aquello que aprendimos. Aprendemos qué es bello y qué no. Qué merece ser conservado y qué puede descartarse. Qué es refinado, qué es rústico, qué tiene valor y qué no. Y aprendemos también a mirarnos a nosotros mismos de esa manera. Yo crecí, como tantas mujeres, aprendiendo que siempre había algo que podía corregirse. Si tenías rulos, debías alisarlos. Si tenías el pelo lacio, necesitabas darle volumen. El cuerpo debía acercarse a determinadas proporciones. Había una altura, un peso, unas medidas que parecían estar más cerca de aquello que se consideraba bello. Después, la eda...


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