El camino de la lana: una historia que empieza en el origen.

El camino de la lana: una historia que empieza antes del tejido

El Camino de la Lana


Hay historias que no empiezan en una prenda terminada. Empiezan mucho antes: en el territorio, en las manos, en decisiones pequeñas que cambian el destino de una materia.


En Albor Patagonia trabajamos con una pregunta que nos guía: ¿qué pasa con la lana antes de convertirse en objeto?


Durante años recorrimos ese camino. Observamos, aprendimos, nos equivocamos y volvimos a intentar. Entendimos que entre la esquila y el tejido existe un mundo invisible: saberes, tiempos, personas y también desperdicio.


Así nació nuestro propósito: volver visible ese recorrido y revalorizar cada etapa del proceso lanero en la Patagonia.


Lo que vas a ver en estas piezas no es solo diseño. Es el resultado de ese camino. Y esta es una de sus historias.


¿Querés conocer la historia detrás de estas piezas?

Vamos a empezar por el origen.

Primero está Miriam, de Península Valdés. Ella tiene algunas ovejas merino en su campo.
Por otro lado está Pablo, esquilador experto y profesor del Taller de Campo en la secundaria de Puerto Pirámides.

Un día, Pablo le preguntó a Miriam si podía esquilar sus ovejas durante la fiesta del Día de la Tradición, como parte del cierre del taller. Miriam aceptó.

A las ovejas hay que esquilarlas una vez al año por su propia salud. El problema es qué hacer con el vellón después: cada oveja rinde aproximadamente 4 kg, pero las lavanderías industriales aceptan un mínimo de 180 kg.

Pablo conocía a Artesana Patagonia y sabía de su interés por rescatar estos descartes y revalorizar la producción artesanal en la provincia. Con ese objetivo, Artesana fundó Albor Patagonia en abril de 2022.

Después de tres años de aprendizaje, búsqueda y experimentación, llegó la invitación: acompañar a Pablo en la fiesta de la escuela y mostrar a los estudiantes el camino completo de la lana.

Artesana amó la idea y convocó a Hilda, una artesana de Trelew que, además de tejer y teñir, aprendió a hilar de niña con su abuela. También invitó a Miriam, hilandera de Gan Gan, con quien trabaja habitualmente.


El día de la fiesta llegó, y fue inolvidable. Aprendimos, nos reímos y compartimos experiencias. Al final de la jornada, Miriam le entregó a Artesana los vellones para continuar el proceso.

La lana viajó a Gan Gan, donde Miriam se tomó todo el verano para hilarla. Hiló cada parte del vellón: el lomo, las patas, la panza. Usó huso y trabajó cada fibra según sus características.

Hizo ovillos para peleras —mantas que se usan para montar a caballo—, ovillos finos para que Artesana pudiera experimentar, y otros más gruesos para cestas y bolsos.

Cuando los ovillos llegaron al taller, Artesana los convirtió en madejas y los lavó uno por uno. Para hacerlo, recuperó saberes de su abuela y de otras mujeres que conoció en el camino. Mientras lavaba, registraba el proceso y buscaba optimizar el uso del agua.

Una historia que sigue en movimiento

En Albor creemos que el valor no está solo en el producto final, sino en todo lo que sucede antes: en el origen, en los vínculos, en el tiempo que se le dedica a cada etapa.

Por eso hablamos de Camino de la Lana: no como un concepto, sino como una práctica real que conecta campo, saberes y diseño.

Cada pieza es una parte de ese recorrido. Pero el recorrido no termina

Porque ahora, la historia la seguís contando vos.







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